Considerada durante muchos años como una "rareza" reservada para algunos tipos "originales", la agricultura ecológica ha experimentado un importante auge durante los últimos años.
Una vez superado el concepto de moda, se ha ido extendiendo entre la población la conciencia de que un escrupuloso respeto a la tierra y a sus productos no sólo multiplica la sanidad de éstos, sino su calidad, lo que ha derivado en el aumento de las explotaciones agrícolas en las que se limitan o se prohiben productos dañinos para el medio ambiente en general, y más concretamente, para la propia tierra y el producto en particular.
Esta conciencia cada vez más extendida de que una tierra envenenada y saturada de productos químicos no puede prodigar productos sanos ni de calidad gastronómica, ha provocado una demanda de los productos obtenidos a través de medios ecológicos, lo que a su vez ha urgido a la Administración a regular y establecer durante la última década las condiciones necesarias para poder calificar a una determinada agricultura como Agricultura Ecológica.